pero aun así, tenía garras muy largas
y muchísimos dientes, de modo
que sintió que habría que tratarlo con respeto.
¿Te ha dicho alguien últimamente que no le hagas favores, al
mismo tiempo que te dejaba deslumbrado con una sonrisa totalmente fascinante?
Es que te has visto ante el gran felino. No te preocupes, que ya te
recuperarás. Un par de pequeñas quemaduras no importan. No es nada excepcional
en Leo el despliegue simultáneo de su arrogante orgullo y de su espíritu
juguetón; por eso se sale con la suya.
Leo, el León, rige a todos los demás animales. Leo, la
persona, te rige a ti y a todo el mundo. (Si, si ya se que en realidad no es
así. Pero no se lo digas, por favor. Le destrozarías su cálido y tierno corazón
de egotista.) Lo mejor es contentarle, porque entonces ronronea, en vez de
rugir y darte un susto poco menos que de muerte. El León alterna entre ser
decididamente gregario y una hermosa indolencia, mientras sofoca un sibarítico
bostezo. Si quieres estudiar algunos ejemplares, date una vuelta por los
lugares más iluminados y chispeantes de la ciudad. Por lo menos la mitad de la
gente que encuentras viviendo a la última moda serán Leo. Hasta los gatitos más
tímidos se sentirán cómodos viviendo así. A Leo le enferma la oscuridad tanto
como el aburrimiento.
