Cada
uno de nosotros existe en el centro de una red de energía que nos une con el
resto de la creación. Nuestros antepasados escandinavos la llamaban la Red de
Wyrd, y la concebían como unos hijos entretejidos del destino que unen todas
las cosas con el universo. Con frecuencia, cuando pretendemos conseguir la
perfecta seguridad dentro de nuestro círculo, mientras lo dibujamos, cortamos
conscientemente y deliberadamente, los hilos que nos unen con el mundo que hay
más allá. Esto fortalece el círculo, impidiendo que entre en el cualquier
cosas, que pudiera distraernos y, lo que es casi tan importante impidiendo que
que nuestra energía psíquica se filtre. Si cortamos los hilos, es
imprescindible que restablezcamos los nexos antes de que se cierre el círculo, porque de otro modo veríamos que se han perjudicado
nuestras relaciones con el mundo. El proceso de restablecimiento de los hilos
se conoce como volver a tejer la red. Tanto cortar como tejer de nuevo
se hace con las manos, y con la intención bien determinada. Cuando hacemos
rituales de grupo, temejos juntos los
hilos de todos los que se encuentran dentro del círculo y fortalecemos el
equilibrio del grupo.
