martes, 9 de septiembre de 2014

CAILLECH, REINA DE LAS HADAS DEL INVIERNO


Caillech, la Reina de las hadas de invierno, relevaba a Carlin en el gobierno de la naturaleza. Poco a poco, el paisaje otoñal iba dejando paso a los vientos fríos, la escarcha y los hielos del invierno. Las altas cumbres se cubrían de nieve y todo parecía entrar en un profundo letargo hasta el despertar del Beltane, la festividad del fuego. Cada año, el llegar del invierno es un momento mágico y hermoso. El suelo se endurece con el hielo y Caillech se adueña de los campos y de las montañas silenciosas, solo perturbadas por el silbido del viento, y cubre el paisaje con un manto blanco. En las planicies nórdicas, Caillech se conoce con el nombre de Reina de las Nieves. De ella se dice que es fría e implacable, y que conduce un trineo blanco arrastrado por dos corceles a través del solitario invierno. 
En Alemania, la estación invernal está gobernada por la amable Frau Hölle, que todos los años sacude su edredón con fuerza, las plumas salen de su interior y se convierten en pequeños copos de nieve a medida que van cayendo al suelo. En Rusia, en cambio, el dueño y señor del invierno es el padre frío, que agita los vientos y las tempestades de nieve sobre las grandes estepas, con una furia inusitada. Caillech se sirve a menudo de su corte de hadas y elfos para realizar sus tareas invernales. Las Vilas, por ejemplo, salvan a los hombres, que se extravían en las altas cumbres nevadas y algo parecido sucede con los Barbegazi, que hacen sonar un potente cuerno para advertir a los hombres y a los animales del peligro de los aludes que están a punto de desprenderse. En algunos lugares, Caillech se presenta como una bruja de larga cabellera blanca y el rostro azulado por el frío, en algunos relatos del Suroeste de Munster, se cuenta que, mediante un hechizo, Caillech se convierte en una hermosa joven al llegar la primavera. Los hombres del hielo, súbditos de Caillech, tienen los pelos de las barbas y las uñas de los dedos como afilados carámbanos de hielo, y su aliento levanta furiosas ventiscas. Su carácter frío puede ser peligroso para los humanos, pues si se enojan pueden convertirlos en témpanos de hielo o muñecos de nieve.


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