domingo, 20 de julio de 2014

Como reconocer a Capricornio


–Está usted viejo, Padre Guillermo –dijo el muchacho–,
y el pelo se le ha puesto todo blanco;
y sin embargo está siempre cabeza abajo...
...Cree usted que, a su edad, eso está bien?

Entender el carácter de Capricornio es cualquier cosa, menos fácil. Aprenderás a reconocer este signo, pero necesitarás antes alguna práctica. Estudia a esa silenciosa araña que está en el rincón, y que nada puede contra los insectos que vuelan rápidamente; pero son ellos los que quedan atrapados en la tela pulcramente tejida... y la araña gana. Recuerda la morosa tortuga de Esopo, que se arrastraba caprichosamente en aquella carrera, sin tener la más remota probabilidad de triunfar sobre la veloz liebre. Pero la liebre veloz se desvía en todas direcciones, se olvida de la meta... y la tortuga gana. Observa a la cabra que va escalando la ladera de la montaña. No tiene nada que hacer ante la estrategia de los humanos, más inteligentes, que la persiguen. Pero sus perseguidores van quedándose atrás mientras la cabra porfiada trepa decididamente, de rendija en rendija, con sus pezuñas especialmente diseñadas... y la cabra gana.
Ahora, estudia a Capricornio. ¿Dónde lo encontrarás? Casi en cualquier parte donde tenga oportunidad de progreso o de mejora. En cualquier parte donde pueda avanzar y sacar adelante sus ambiciones secretas. Prueba en una reunión social. Capricornio no es alegre concurrente a fiestas, pero la Cabra que estudiamos no es solo trepadora de montañas: es trepadora social. Elige un grupo mixto, y, preferentemente, uno en el que el nivel de ingresos sea alto. También puedes ensayar con un grupo que tiene ingresos de tipo medio, pero cuanto mas desciendas a partir de eso, tanto menores serán tus probabilidades de encontrar un Capricornio. Posiblemente no lo encontrarás con la pantalla de la lámpara puesta a modo de sombrero, ni haciendo una exhibición de zapateo, ni llamando ninguna manera la atención sobre si; será más bien el espectador admirado de la última fila. Es posible que ni siquiera adviertas al principio, mientras él observa, calmo y silencioso a las personalidades resplandecientes, encantadoras, agresivas y brillantes que le rodean. Cualquiera del grupo te dará la impresión de estar mejor equipado que él para la carrera, sea cual fuere la carrera. Muchos de ellos fanfarronean, otros tienen miedo, pero todos parecen tan preparados, tan pulidos, que no da la impresión de que Capricornio tenga nada que hacer frente a ellos. Si, pero les ganará.
Hace un par de años fui a visitar la librería de un astrólogo neoyorquino. Mientras yo desparramaba generosamente mis perlas de sabiduría, y le daba consejos –que él no me había pedido– sobre los libros que debería tener y discutía con él temas astrológicos, me enteré de que era Capricornio, y él se enteró de que yo era Aries. Muy ufana, adiviné correctamente su ascendente, hablé y me moví con soltura, en una palabra, parecía que yo llenaba la escena. Antes de que yo me fuera, él me dedicó una sonrisa, dulce y encantadora, y –con su fascinante acento húngaro– me dijo una cosa rara. <<La Cabra le ganará al Carnero. Lo dijo como a la ligera, pero con mucha seriedad. Al salir de la librería, me reí para mis adentros. <<Qué engreído –pensé–. ¿Quién podrá superar a un doble Aries?>> Pero, ¿sabéis? Cuando yo no puedo encontrar algunos libros que necesito, y que están agotados desde que Noe construyó el arca, ahí aparece con ellos el Capricornio. Poco a poco, me he visto obligada a rendir respetuoso homenaje a su superioridad, y aquí me tenéis, reconociendo a su signo solar cualidades que yo le envidio, pero que no poseo. Es lo que dije: Capricornio gana.
Otra confesión. Como Aries que soy, me enferma aceptar directrices. Ningún escritor Aries aguanta que alguien corrija su trabajo. Últimamente, me hicieron la sugerencia de que una correctora Capricornio revisara algunas cosas que yo había escrito. Me sentí ofendida y, aunque exteriormente me mostré de acuerdo, en mi fuero íntimo decidí que no le permitiría cambiar una sola palabra del fruto de mi genio; me limitaría a fingir que estaba de acuerdo. Ella hizo sus sugerencias de manera tranquila, tímida casi, y bien a pesar mío vi con total claridad que eran inteligentísimas. ¿Cómo no se me había ocurrido a mi misma cortar esa frase y cambiar esa palabra? Después de haber seguido –a regañadientes– sus instrucciones al pie de la letra, la redacción quedó mejorada de manera dolorosamente obvia. Capricornio volvió a ganar.
Finalmente, pese a mi agresiva mentalidad ariana, decidí que de nada sirve pelear con ellos, y lo mejor será que tú llegues a la misma conclusión. Pobre del vendedor entusiasta que, al hacer una estimación de su cliente Capricornio, piensa que a ese tonto puede venderle el puente de Brooklyn. Tiene mucho que aprender.
Como la Cabra se confunde tan discretamente con el grupo, mimetizándose inconscientemente con el fondo, no siempre es fácil reconocer las características físicas de este signo solar. Capricornio puede ser macizo y musculoso, pero también nervioso y delgado o regordete y blando. Pero sea cual fuere la configuración de su cuerpo, la Cabra dará la impresión de estar arraigada en su sitio, hasta que se decida a cambiar de lugar. Generalmente, la gente de Saturno tiene el pelo lacio, fino y negro, ojos azules, pero estúdialos con atención. Sinceramente, ¿no dan en realidad la impresión de que deberían haber nacido con la piel, el pelo y los ojos oscuros? Es una afirmación arriesgada, pero cierta. Toma a Marlene Dietrich, por ejemplo: cutis de porcelana de Dresde, ojos verdes, pelo rubio como el trigo. Vuelve a mirarla; observa la tranquila deliberación de sus acciones, escucha su voz gutural y profunda. Recuerda su legendaria habilidad para los negocios y su terrenal ambición. ¿No son, todas estas, condiciones más acordes con la imagen de una mujer morena? Si tienes presente esta sutileza, jamás te dejarás engañar por la apariencia de un Capricornio.
La personalidad saturnina está siempre rodeada por una tenue irradiación de gravedad y melancolía. Ninguno de estos nativos escapa por completo a la influencia saturnina y a su impronta de disciplina severa y abnegación. Suelen ser de pies fuertes, y les gustan los zapatos prácticos. Tienen gran habilidad manual, su voz es suave y sedante, y probablemente encontrarás en ellos una gentileza halagadora y persuasiva. Capricornio puede parecer tan inofensivo como una almohada de plumas, pero es resistente como una armadura. Trabaja persistentemente, sin pausa, y se las arreglan para digerir insultos, presiones, decepciones y obligaciones con tanta calma como la cabra digiere latas oxidadas, vidrios rotos y cartones. Como ella, tiene el estómago de hierro, y sus cuernos son peligrosos. Mientras los extravertidos alegres y sonrientes dilapidan sus energías en todas direcciones, Capricornio jamás se desvía un centímetro a derecha ni a izquierda. Sigue tercamente su senda hacia arriba, con una fe innata en la seguridad de los caminos bien trillados, y desdeñando los seductores atajos que –la Cabra bien lo sabe– están llenos de peligros.
Sienten una gran admiración por quienes han subido antes que ellos a la cima de la montaña y han establecido las normas del viaje. Son los cortejantes del éxito; respetan la autoridad y honran la tradición. Hay muchas personas enérgicas e impulsivas que les tachan de esnobs y de engreídos. A su vez, la Cabra puede considerar temerarios y tontos a sus críticos, pero por lo general es demasiado prudente para hacerse enemigos innecesariamente. Los saturninos se someten, asienten, se adaptan. ¿O simplemente dan la impresión de hacerlo? Capricornio deja que los demás se le adelanten, pero suele ser él quien llega primero, contra toda lógica. Trata de evitar los obstáculos, las rocas cortantes. No puede resultar asombroso que rara vez tropiece, puesto que no lleva los ojos clavados en las estrellas. Su mirada se dirige hacia delante y afirma firmemente los pies en el suelo. Celos, pasiones, impulsos, enojos, frivolidades, despilfarro, haraganería y descuido son obstáculos; que sean otros quienes tropiecen con ellos y se caigan. Capricornio no. Él puede echar un rápido vistazo hacia atrás, compadeciéndose de los caídos, o agradeciéndoles el consejo y la ayuda que antes le prestaron, pero no tardará en seguir subiendo sin prisa y sin pausa hasta llegar a la meta.
Entre ellos hay algunos que son deliciosamente románticos, que entienden la extraña luz de la Luna y los colores gloriosos de las alas de una mariposa; pero no dejarán que sus emociones les impidan ver los hechos, si son saturninos típicos. Si Capricornio escribe un hermoso poema, lleno de imaginación y de ilusiones, el tema será concreto y la puntuación impecable. Irá derecho al grano, sin que jamás su sentimiento se derrame por los bordes. Si quieres ganarte el respeto de la Cabra, no desafíes las convenciones. Hasta los más osados de este signo, que constituyen la excepción, observarán por lo menos las exigencias externas que impone la convivencia social. Las escenas en público y los incontrolados estallidos pasionales les hacen sentir incómodos.
Ocasionalmente, algún Capricornio olvidará ocultar su ambición y se negará a trabajar si no es en un puesto clave. Se convierte entonces en una Cabra obstinada que insiste en empezar desde el último peldaño de arriba, el lugar que en su sentir le pertenece. Como es natural, una actitud así tiene como resultado una persona sombría, pesimista, egoísta y fría, imposible de satisfacer. Pero un buen par de golpes suelen ser suficientes para que se encamine por la buena senda.
Es típico que, de jóvenes, los nativos de Capricornio se muestren más satisfechos que cuando envejecen, para lo cual hay una buena razón. De una forma que hace pensar en los chinos, los jóvenes regidos por Saturno hacen ídolos de los antepasados y los mayores; el respeto por la sabiduría de la edad y de la experiencia es innato en la naturaleza saturnina. Pero cuando maduran, y cuando los <<honorables antepasados>> y los ancianos han desaparecido, las locuras de las generaciones actuales pueden ser causa de miedo y perplejidad para la Cabra, con su carácter conservador. Andan por ahí chasqueando la lengua, sacudiendo la cabeza y evocando en voz baja los buenos tiempos de antaño. Por suerte, sin embargo, hay una buena cantidad de ellos que saben adaptarse al cambio. Es encantador ver a un Capricornio de cabellos grises alternando alegremente con los jóvenes, aprendiendo por primera vez las alegrías que se le pasaron por alto en la seriedad de su infancia. En la madurez, Capricornio se comporta como un variante frustrado, o acepta alegremente todas las diversiones y bailes de última moda. Algunos, los que se quedan a mitad de camino, sonríen con reprimida emoción mientras miran desde fuera, marcando con los pies el ritmo de la música, pero sin llegar nunca a reunir el valor necesario para participar en la danza. Será raro encontrar las narices rectas y bien dibujadas de Capricornio metidas en lo que no le importa, ni la lengua saturnina entregada al chismorreo. Si el signo solar se combina con influencias desfavorables de Géminis o Piscis, pueden ser un poco charlatanes, pero normalmente las Cabras tienen bastante con ocuparse de sus propios asuntos. No es frecuente que den consejos que nadie les pide, pero si deliberadamente recurres a su sabiduría práctica, sin titubear te aconsejarán con toda seriedad. Además, esperarán que aceptes su consejo; si no eres capaz de seguir su ejemplo, Capricornio no perderá mucho tiempo tratando de enseñarte y no se sentirá inclinado a compadecerse de ti.
Tal vez te digan que la gente de este signo se casa por dinero o por la posición social. Es una exageración, aunque, sin duda, fue un Capricornio el que dijo: <<Es tan fácil enamorarse del director de orquesta como echarse una cana al aire con el segundo violín>>. Con su espíritu práctico, es raro que la Cabra se precipite en los negocios o en el matrimonio si no está bien preparada, financieramente en el primer caso, emocionalmente en el segundo. Son gente capaz de hacer cosas extrañas por alcanzar seguridad. La idea de la vejez es una constante en la mente saturnina. Hasta los Capricornios más jóvenes se complacerán instintivamente en visitar al tío Eulogio o a la tía Minerva. Después de todo, es posible que los parientes chochos tengan algunas acciones o sabe Dios que bienes, aparte de ser afectuosos y calidos. Y realmente seria una pena que legaran su fortuna al canario. Tal vez te parezca que una actitud así es fría y calculadora, pero para Capricornio es sensata. La oportunidad no necesita llamar dos veces a la puerta de la Cabra, porque al primer golpe ya le abre. Mejor dicho, Capricornio estaba detrás de la puerta, escuchando, en espera de que llamara.
De pequeños, los niños de este signo tienden a ser más débiles y enfermizos que otros chicos, pero tanto las fuerzas como la resistencia a la enfermedad se incrementan con la edad. La naturaleza sobria y moderada del nativo típico le da una enorme resistencia, y un potencial de supervivencia tal que no es excepcional encontrar algunos que han doblado el codo del siglo. La gente de Saturno podría muy bien evitar contacto con médicos y hospitales; si no lo hacen, es porque el miedo, la incertidumbre, las preocupaciones y la melancolía son mas dañinos que los propios microbios. No hay dieta, regularidad en los hábitos ni resistencia a las enfermedades que puedan triunfar de los riesgos del pesimismo. Los Capricornio que deseen evitar la enfermedad tendrán que hacer mucho ejercicio al aire libre y cultivar una actitud más positiva y extrovertida. El aire fresco del campo y las frescas brisas de la tolerancia pueden hacer milagros con la salud saturnina. Casi todas las Cabras, cualquiera que sea su sexo, son de piel delicada y es posible que padezcan erupciones nerviosas, alergias, asperezas y grietas, algunas anomalías con la transpiración, poros dilatados o acne. También son comunes los trastornos gástricos debidos a comidas incompatibles y tensiones mentales. Pueden sufrir fracturas en piernas y brazos. Las rotulas, articulaciones y huesos son áreas vulnerables; otros frutos de la melancolía saturnina son las parálisis psicosomáticas, intensos dolores de cabeza e infecciones renales.
Es posible que tengan dientes blanquísimos, hermosos y fuertes, o bien que la dentadura les cause continuos problemas y les imponga continuas visitas al dentista. En términos generales, si consigue evitar las largas enfermedades que tienen su origen en sus prolongadas depresiones, la tenacidad vital de Capricornio es notable. Pero, ¿qué gracia tiene ser la última hoja del árbol, si uno sufre de artritis y de reumatismo? Para mantenerse sana, la Cabra debe buscar el sol y reírse de la lluvia.
Es un ser tan tímido y dulce, un poco testarudo tal vez, pero de manera tan comedida que parece inofensivo. Una persona tan segura, en quien se puede confiar, y que le halaga agradablemente a uno. ¿Quién seria capaz de herirle o de considerarle ambicioso? Entretanto, Capricornio se vale de tus propias debilidades, ínfulas y celos para hacerse fuerte. Es tan útil, y acaba siendo tan indispensable, que eres tú quien finalmente le pide que tome las riendas. En lo sucesivo, él gobernará sin dejarse ver, desde el rincón, moviendo con toda modestia los hilos de la autoridad. La Cabra somete su afán de sobresalir para conseguir lo que su afán de sobresalir realmente desea: la posición del auténtico líder. Con cautelosa prudencia, bondadosa pero tenaz, resguarda el pasado del descuido y protege de la confusión el presente, para que tú puedas construir sin riesgos el mañana.

No necesita ir al frente del desfile, con bombos y platillos; es el quien, entre bambalinas, autoriza el desfile y determina su recorrido. Todos los temerarios que se pasean por la cuerda floja necesitan de la red firme y segura de Capricornio cuando un error de cálculo les precipita al vacío. La disciplina y formalidad del negro azabache y el azul marino, la práctica solidez del marrón, los sueños –honestos y profundos– del verde oscuro: he aquí los serenos colores de su perdurable arco iris. Camina lentamente a través de su selva silenciosa, alfombrada de suave musgo y decorada de hiedras, y busca los ocho tesoros escondidos de Saturno. Bajo el sauce llorón de Capricornio hay enterrados rojos y suntuosos rubíes. Quédate... para conocer la eterna belleza del ónice, pura y tersa. El plomo de Capricornio es sólido, y con su carbón se encienden fuegos perdurables.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario